Movies

Who am I to tell this story in the Huffington Post

Advice for filmmakers from a filmmaker who shouldn't give advice on Film Courage

Welcome to Pine Hill on Filmmaker magazine

I feel lucky on ifp.org

Criticism

Power's cool use of force on Media Commons

Realism: Gustave Courbet to Jerry Springer

The Narrative Dress

Ridiculum Vitae

Maruch Santiz Gómez

Dinh Q. Le

Steven Brower

Karin Sander

Journalistic Criticism

Stories

Slow down

Sunny

When she left

A love affair, part I

All things i couldnt say

The case of the young lovers

The nickname

The silence of Najmalabad

En Español

El kitsch y el cuerpo/2

La muerte de los Señores

La Giaconda y la guardia

Giovanni Tornatore

Martín Ramírez

La escatología de la pintura

Giovanni Tornatore

por Keith Miller

Cuando Giovanni Tornatore vio por vez última su isla natal de Sicilia cargaba consigo dos maletas: una semi-llena de ropa, dos camisas, un traje,etc. y la otra, una jaula disfrazada de maleta, contenía Luigi, su gallo favorito. Sus padres habían sido matados poco tiempo antes por ser anarquistas, sus dos hermanos mayores por ser degenerados y comunistas, y su hermana se había casado con un militar en el ejército de Mussolini. A Giovanni le pareció ninguna otra opción que abondonar el país y después de lo que le había comentado siempre su padre sobre los Estados Unidos, donde había pasado diez años a los principios del siglo, optó por México, llegando el 11 de noviembre 1934 al puerto de Veracruz.

Sin una palabra de español en su haber Giovanni llegó al único lugar donde estaría a gusto: al campo. Toda su vida, todos los diez y nueve años, se había pasado en el campo. Conoció la ciudad por vez primera solamente dos años antes de su llegada a México y nunca, hasta su muerte, sintió cómodo entre edificios grandes, coches y la muchedumbre. A pesar de su tope lingüístico, encontró trabajo y ganó el respeto de sus compañeros. Le vieron como un extraño, pues llegó desde algún lugar lejano, para algunos hasta misterioso, con un gallo, como si no hubiera gallos en el campo mexicano.

Luigi, como buen gallo, despertaba todas las mañanas y cantaba como todos los gallos. El único extraño de Luigi, lo cual no dejó de llevar unas especulaciones hacia Giovanni, es que Luigi cantaba en las mañanas pero no las mañanas del campo veracruzano sino las mañanas de Sicilia, que resultaba la noche en su nuevo paradero.

En mil novecientos sesenta y tres Giovanni murió de un accidente en el campo sin haber jamás hablado bien el castellano. Se comunicaba, y hasta se casó con una jarocha de buen parecer, pero nunca dominó la lengua de sus compañeros, y nunca dejó de extrañar los jitomates -pomod'ori- de Sicilia o el espagetti de su madre. Luigi había muerto veinticinco años antes sin haber jamás dado la beinvenida a la mañana mexicana.